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En los tiempos finales de la historia, el espíritu de Babilonia continuaría hasta el establecimiento del reino de Cristo, si esta Babilonia es simbólica, aún hay Danieles simbólicos que deben hacer frente a las últimas pruebas de fe, antes de su liberación. Estamos a la víspera del reino de Cristo, ¿encontraría Dios a sus siervos fieles cuando Él regrese? ¿El último pueblo aguantará la presión, humillación, prisión o muerte?
Los últimos días del profeta Daniel no estuvieron libres de pruebas y tentaciones. Un anciano octogenario, sin la fuerza y el vigor que los caracterizó en los primos años de cautiverio, padeció una prueba final. ¿Esperaría Dios la misma fe de un anciano sin fuerza o sería un poco más condescendiente con él? ¿Acaso Dios no puede tener algunas excepciones con las tentaciones?
A pesar de la sobresaliente fe de Nabucodonosor hacia el Dios verdadero, sus descendientes no aprendieron la lección, el tiempo marcado para la gran ciudad estaba llegando a su fin, y así, como la gran ciudad del Éufrates, la Babilonia final también tiene marcado su fin ‘¡Ha caído, ha caído!’ afirma el apocalipsis. ¿Cuándo será el fin de esta gran ciudad?
El ejemplo de la conversión de Nabucodonosor hacia el Dios verdadero demuestra la insistencia del amor divino hacia todo tipo de personas, desde el más encumbrado monarca, hasta la persona más humilde y limitada. ‘No quiero la muerte del impío’… ‘Que todos procedan al arrepentimiento’ es el anhelo del Dios de amor.
La libertad religiosa ha sido un principio de la autodeterminación de los pueblos libres de una monarquía, cuando se utiliza la presión, el chantaje, o la fuerza para imponer normas morales la libertad de religión desaparece. Nabucodonosor pretendió, inspirado por satanás, implementar su religión por la fuerza, la presión y chantaje, pero Dios quiso demostrar que la adoración que él exige no debe ser impuesta, sino sincera.
Por un tiempo, el rey Nabucodonosor había aceptado que el Dios del cielo era ‘Dios de dioses y Señor de señores’. Pero, pasado el tiempo, inspirado por el mismo espíritu de dominio mundial, quiso, sin titubeo arrebatar de las Manos santas el control de la historia. En medio de la turbulencia, Dios contaba con sus fieles sirvientes, quienes en valiente desafío, demostraron al rey que solo Dios tiene el control de la historia.
El sueño de Nabucodonosor fue una revelación divina del futuro, demostrándole al amo y señor del mundo conocido de ese entonces, que ningún reino será eterno, únicamente el reino de Cristo permanecerá para siempre. La historia se ha encargado de demostrar que la revelación divina es verdadera y nos ayuda a ubicarnos en qué parte de la estatua estamos viviendo.
Satanás es incapaz de revelar el futuro, es cierto que ha logrado acertar en ciertos eventos de la historia, pero su larga trayectoria de planificación le ha ayudado a comprender la causa y efecto, y él sabe que moviendo ciertas piezas en la historia puede provocar ciertos acontecimientos. Pero en aquella sala del trono, incapaces de descifrar el sueño del rey, los sabios caldeos no tuvieron más que reconocer que solamente Dios es capaz de saber el futuro.
El capítulo 1 del libro de Daniel sobresalta la importancia de la temperancia de Daniel con respecto a la alimentación. Sin amenaza alguna, el ‘último rey de Babilonia’, ofrece los más lindos manjares al mundo para que sus habitantes enfermos y decadentes, reciban con menos percepción la voz de Dios. ¿Está silenciado el Espíritu de Dios en nuestros corazones a raíz de nuestra alimentación?






























































































